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Torreón

Ferretería La Suiza nació a la par de la ciudad de Torreón

Cuenta en su historia con dos guerras mundiales, vivió los embates de la Revolución Mexicana

FABIOLA P. CANEDO / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, miércoles 20 de febrero 2019, actualizada 8:40 am

En 1907, Torreón fue elevado a rango de ciudad y, en la misma fecha, nació La Suiza, ferretería que hoy se denomina el negocio más antiguo.

La Suiza cuenta en su historia con dos guerras mundiales, vivió los embates de la Revolución Mexicana y en su edificio hubo tres personas sin vida, sin embargo, los Von Bertrab no creen en fantasmas y señalan que el esfuerzo y la perseverancia es lo que les ha ayudado a continuar vigentes, pese a los cambios de fondo que ha experimentado en estos 112 años la ciudad de Torreón.

ORIGEN

Adolfo Eppens, suizo, llegó a Durango en 1879 y fundó ahí una miscelánea, según se indica en la carta que envió el extranjero al entonces gobernador, Francisco Gómez Palacio, para preguntarle cuáles serían sus obligaciones fiscales. Después buscó la forma de cambiar el giro del negocio a una ferretería y contrató a Guillermo Peters, tío abuelo del actual propietario, Francisco Von Bertrab Peters.

"En 1895, hace una carta donde invita a mi abuelo para que le ayude con la tienda, siempre tuvo socios a la distancia, el tren ya estaba en Durango y así llegó el abuelo, el tío Guillermo llegó en diligencia", recuerda.

Era la época del Porfiriato, en 1900 se preparaban los festejos del centenario de la lucha de Independencia de México, el tío Guillermo decidió traspasar el negocio a su hermano y se fue a Alemania.

En La Suiza de Torreón, que nació en 1907, a la par de la ciudad, se llegó a contar con órdenes firmadas por Pancho Villa, por compras de clavos para herrar, pero la matriz de Durango no corrió con la misma suerte.

Para 1913, Durango, que entonces era la capital de la Nueva Vizcaya, fue tomado por los revolucionarios en ausencia de Pancho Villa. Sus terratenientes quemaron la tienda al ras de suelo y el abuelo Peters tomó la decisión de llevarse a su familia de regreso a Alemania.

"Había un sentimiento en la gente del campo, inconformidad por la desigualdad que prevalecía, veían la prosperidad en las haciendas", dice Franz.

Tomaron el tren pullman, el último en el que se fueron los cónsules, partía desde Durango y llegaba hasta Nueva York, ahí se retiró la familia completa, pero habían dejado mercancía en Tampico, donde no llegaron los vestigios de la Revolución, pues las petroleras extranjeras tenían aquí su propio ejército.

El abuelo regresó para vender la mercancía durante la Decena Trágica, cuando la Revolución Mexicana generó problemas de abasto al país y, ya con dinero en mano, buscó el primer barco rumbo a Alemania, pero no pudo irse porque había estallado la Primera Guerra Mundial.

Peters se encontró solo en México mientras su familia estaba en Alemania. Tuvo que vivir con su suegro, de apellido Windisch, en Durango, esperando a que pasara la guerra, para volver a reunirse con su esposa y sus hijos.

Acostumbrados a que el gobierno era responsable de otorgar garantías a los ciudadanos, los propietarios de la ferretería hicieron una reclamación al gobierno mexicano de las pérdidas por la falta de garantías, misma que enviaron a sus proveedores en Alemania, a fin de generar la confianza de que en breve se podría remediar la problemática y así mantener los créditos para seguir recibiendo mercancía.

"La reclamación no sirvió de nada con el gobierno mexicano, eso mi abuelo ya lo sabía, pero en Alemania sí lo creyeron y empezaron a enviar la mercancía", explica Franz, "en Alemania había la necesidad de trabajar, de recuperarse luego de la guerra, enviaron los documentos y la ferretería pudo trabajar otra vez".

Para 1918-19, Peters estaba en condiciones de recibir de regreso a su familia, que había atravesado por una situación muy difícil en Alemania durante la guerra. La abuela Windisch era nacida en Durango y los pasaportes de los hijos eran mexicanos, pero los nombres y apariencia eran alemanes, por lo que, cuando dicho país fue derrotado, la familia tuvo que refugiarse en Holanda.El gobierno mexicano apoyó el regreso de la familia, que llegó en barco a Veracruz.

"Mamá no reconoció a su papá cuando lo vio, habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron", señala Franz.

NEGOCIO PRÓSPERO

La Suiza de Torreón era un negocio que trabajaba desde temprano y cerraba tarde. Desde 1907, Franz señala que era un negocio "encarrilado", pues siempre trabajó.

"En la toma de Torreón, los revolucionarios detonaron algunos cañonazos en el Casino, pero al resto no los molestaban", comenta. El Casino está a pocas cuadras de la ferretería, se dice que Pancho Villa apuntó desde el lecho del río Nazas, en Gómez Palacio, y hoy se pueden apreciar todavía en el edificio histórico".

Pero llegó la Segunda Guerra Mundial. El entonces presidente de la República, Manuel Ávila Camacho, no quería tomar parte en el conflicto bélico hasta que fueron hundidos dos barcos de Pemex y declaró así la guerra contra Alemania, lo que derivó en la conformación de la Junta Intersecretarial de Administración y Vigilancia de los Bienes del Enemigo.

"Tomaron posesión de todas las cuentas bancarias y del registro público de la propiedad que estuvieran en poder de alemanes", refiere Franz, "tomaron todo y no se podía salir de la ciudad".

Para proteger La Suiza, Peters invitó a algunos socios que serían sus apoderados financieros, Socorro Díaz de León y Salvador Fernández, mexicanos que administrarían el negocio mientras se resolvía la guerra.

"Se perdió por completo el control del negocio, ellos trataban de no dejar a los interventores que hicieran lo que quisieran, pero la tienda fue saqueada durante los cinco años o más que duró la guerra, y luego fue un largo período con los abogados, porque no querían soltarlo, a mí me tocó ver que desaparecían las cosas", dice Von Bertrab.

A PRUEBA DE FANTASMAS

Franz recuerda a Germán Bosé, alemán, empleado de La Suiza de Durango, que fue asesinado en Torreón, durante un robo a la tienda, pues vivía en el mismo edificio. Sus restos se depositaron en el panteón, pero su esposa y su hija estaban enterradas en Durango, por lo que años más tarde, se buscó llevarlo con ellas. Luego de exhumar el cuerpo, pasó la noche en el sótano de la ferretería y al día siguiente lo trasladaron en coche.

"Nadie quería bajar al sótano mientras estaba aquí Germán", recuerda Franz.

Pero no fue la primera vez que un cuerpo sin vida yacía en este sitio. Cuando realizaban labores de limpieza en parte del edificio, que anteriormente era un baldío, encontraron huesos que se considera pudieron pertenecer a una persona de origen chino que haya sido asesinada durante la Revolución Mexicana.

Otro hecho fue el suicidio de uno de los socios y trabajador de la tienda, que también vivía en el edificio, por problemas económicos.

Franz considera que su familia es a prueba de fantasmas y asegura que su negocio también, pues no cree en espantos.

'LA CLAVE ES EL HAMBRE'

Francisco Von Bertrab nació en 1935, recuerda el desmantelamiento de La Suiza de Durango, en los años de 1957 a 58. Él comenzó a trabajar en la tienda en 1959, como ayudante general. El abuelo Peters falleció en 1968 y Franz quedó al frente.

En Torreón, el edificio completo de Peters tenía una superficie de 600 metros cuadrados y originalmente, La Suiza atendía por la avenida Hidalgo y Zaragoza, pero hoy la fachada está sobre la Juárez.

Ni las dos guerras mundiales ni la Revolución Mexicana hicieron tambalear al negocio como la crisis de 1994, que finalmente también logró superar.

El actual propietario señala que la clave del éxito del negocio es "el hambre", es decir, la necesidad de trabajar para sacar adelante a su familia. Recuerda que su abuela le platicaba que en México no tenían idea de lo que era el hambre, pues en Alemania se pagaba por aprender a trabajar, mientras que aquí es una oportunidad que pocos aprovechan.

"Allá tenías que pagar por aprender a trabajar, aquí fue algo que Echeverría canceló, nosotros tuvimos muchos aprendices, era tradicional en la tienda que hubiera jóvenes que aprendieran y recibieran un pago por su trabajo", comenta.

Señala que Torreón es una ciudad muy joven, pero que ha dado mucho y se siente orgulloso de formar parte, de alguna forma, de su historia.

"A Torreón vinieron personas de todas partes del mundo a trabajar, Torreón estaba destinado a ser el Chicago de México, según decían algunos", expresa, "es muy satisfactorio que un negocio como éste haya comenzado con una ciudad así", dice.

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