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Siglo Nuevo

Obesidad, la amenza en puerta

Es tiempo de enfrentar la nueva epidemia

Dr. Jaime Cervantes Álvarez
martes 29 de enero 2019, actualizada 10:59 am

La Organización de las Naciones Unidas y su filial, la Organización para la Alimentación y la Agricultura, alertó a México sobre la necesidad de cambiar los hábitos alimenticios, porque el 73% de su población adulta padece sobrepeso u obesidad.

La obesidad es una enfermedad de curso crónico que tiene como origen una cadena causal multifactorial, donde interactúan determinantes genéticos y ambientales, incluyendo estilos de vida, así como factores sociales y económicos. Excepcionalmente obedece a una sola causa identificable, se caracteriza por un aumento en los depósitos de grasa corporal y por ende ganancia de peso causados por un balance positivo de energía, que ocurre cuando la ingestión de calorías en los alimentos excede al gasto energético y como consecuencia el exceso se almacena en forma de grasa en el organismo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que agrupa a 37 países en los cinco continentes, emitió varios informes entre 2015 y 2017 sobre las naciones con mayor sobrepeso y obesidad; ocupan los primeros lugares en prevalencia redondeada incluidos niños y adultos: Estados Unidos de América con un 38%, México 33%, Canadá 31% y Brasil 20%. Son países de Europa los de más baja prevalencia (número de casos en un lugar y un momento): Italia 20%, Francia 10%, Corea del Sur 5.3%, y Japón 3.7%. Además, la institución proyectó la obesidad para el año 2030 en EUA con un 47% y en México con un 39%.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública con sede en la Ciudad de México, elaboró una investigación en mexicanos entre el 2008 y el 2017, que arrojó los siguientes resultados: tres de cada 10 niños y niñas menores de 12 años, cuatro de cada 10 adolescentes de 12 a 19 años, y siete de cada 10 adultos mayores de 20 años padecen sobrepeso u obesidad.

/media/top5/ObesidadIMC01.jpg Foto: shutterstock

La Organización de las Naciones Unidas y su filial, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO por su siglas en inglés), alertó a México sobre la necesidad de cambiar los hábitos alimenticios, porque el 73% de su población adulta padece esta enfermedad.

“Es un problema de gravedad mayor", dijo Julio Berdegué, representante regional de la FAO en el marco de la 35 Conferencia Regional para América Latina y el Caribe, que se llevó a cabo en Montengo Bay, Jamaica, en 2018.

CAUSAS

En la gran mayoría de los casos de sobrepeso y obesidad, la causa directa de la ganancia de peso es explicable por la pobre selección y las cantidades y proporciones de lo que comemos. La dieta en el campo mexicano incluye: maíz, frijol, chile, diversos atoles y escasos vegetales. Por ello la mayor proporción de obesos no está en el campo mexicano, pero la dieta urbana incluye carbohidratos y grasas saturadas (no saludables); la carne proviene del pollo, la res y el cerdo, los vegetales y las frutas se consumen de manera irregular y temporal. Fuera de la hora de alimentos incluimos frituras, chocolates y refrescos azucarados. Muchos acostumbran, por razones laborales, comer fuera de casa sin un horario establecido. No somos practicantes regulares de ningún tipo de ejercicio físico.

En cuanto a las proporciones, la dieta correcta recomienda que consumamos 60% de carbohidratos, 25% de grasas con predominio de no saturadas (saludables) y 15% de proteínas, se deben incluir diversos vegetales y al menos cinco tipos de frutas, los cuales deben tener un alto contenido de fibra.

Lo que ingerimos, lo digerimos (fraccionamos) en el estómago y en el primer tercio del intestino delgado, luego lo absorbemos, circula por la sangre o la linfa y llega a cada célula del organismo.

/media/top5/ObesidadIMC02.jpg Foto: Claroscuro

Cada nutrimento es aprovechado por las células de manera diferente, mediante un conjunto de reacciones químicas llamado metabolismo. Pongamos sólo dos ejemplos, los carbohidratos y los ácidos grasos: los primeros los obtenemos en forma de almidón, pero llegan a nuestras células en como glucosa que una vez absorbida es procesada para obtener energía de uso inmediato, la que no se utiliza se almacena hasta un límite en el hígado y los músculos en forma de glucógeno. Los ácidos grasos aportan el doble de energía, pero si no se emplean, se almacenan en forma de triglicéridos.

La glucosa y ácidos grasos que se utilizan como energía se traducen en calorías. Es el momento de señalar que un adulto mayor de 20 años necesita para mantener todas sus funciones normales, en promedio 2 mil 500 calorías en 24 horas. La dieta mexicana de un adulto del medio urbano supera esta cantidad.

EN NÚMEROS

Tengamos en mente la siguiente cifra para una persona que no acostumbre el ejercicio como deporte: por cada nueve calorías por arriba de 2 mil 500 se almacena un gramo de grasa en forma de triglicéridos, esto es, por cada 500 calorías de exceso, almacenaremos 55.5 gramos diarios y en 30 días ganaremos un kilogramo y 666 gramos. De no romper este “circulo vicioso”, en seis meses aumentaremos 10 kilos: un camino seguro hacia el sobrepeso u obesidad.

La experiencia médica indica que “cuando un mexicano inteligente es bien informado sobre su estado de salud”, generalmente actúa, así que manos a la obra.

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Tabla 1. Foto: OMS

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Tabla 2. Foto: CDC

El Índice de Masa Corporal (IMC), propuesto por el doctor en matemáticas belga, Adolphe Quételet, en el año 1871, indicador indirecto de peso, no exactamente de grasa, aunque adolece de fallas, sigue siendo un valioso parámetro por su sencillez y acceso a todo público.

La fórmula del IMC es: Peso Kg/T2. Es decir, el peso en kilogramos dividido entre la estatura en metros y centímetros elevada al cuadrado, para obtener esa última multiplique el número por sí mismo. Por ejemplo, 1.66 metros x 1.66 metros = 2.75.

Los rangos de 18.5 a 24.9 indican normalidad, 25 a 29.9 sobrepeso, 30 a 34.9 obesidad grado 1. De 35 a 39.9 obesidad grado 2 y mayor a 40 obesidad grado III. Los datos numéricos se observan en la tabla #1 y los gráficos en la tabla #2. Los valores aplicables a niños y adolescentes deben trasladarse a percentiles (porcentajes) basados en ritmos de crecimiento (tabla #3).

El sobrepeso se considera una condición anormal del organismo, la obesidad en cualquiera de sus grados es una enfermedad.

Una orientación general, no exacta pero sí práctica del cálculo del peso ideal (recomendado), requiere de tres pasos:

1-La estatura en metros y centímetros debe medirse sin zapatos.

2-El peso se mide sin ropa y de preferencia en ayuno.

3-El resultado de la estatura al cuadrado se multiplica por cualquiera de las tres cifras del rango de la normalidad: por 20 para quienes eran de complexión delgada antes de ser obesos, por 23 para quienes eran de complexión mediana y por 25 para los que fueron de complexión robusta. Este resultado acepta que se le agregue un 5% (tabla #4).

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Tabla 3. Foto: Cortesía de Jaime Cervantes Álvarez

Pero, ¿Qué han hecho las autoridades de salud en nuestro país?

A partir del año 2014 se han ejecutado seis acciones:

1- Promoción de alimentos saludables.

2- Obligación del etiquetado nutrimental.

3- Regulación de publicidad en medios informativos.

4- Prohibición de la venta de frituras y refrescos dentro de los centros escolares.

5- Impuesto de un peso por cada litro de bebida saborizada con azúcar añadida.

6- Impuesto del 8% a los alimentos no básicos con alta densidad calórica, es decir, que 100 gramos de producto contengan más de 275 calorías. Esto incluye botanas, confitería, chocolate, postres y dulces, mantequilla de cacahuate, helados, nieves y paletas.

En la República Mexicana la prevalencia de sobrepeso y obesidad a mitad del año 2018 se reportó en 36% para escolares y adolescentes (se triplicó en 20 años), hoy son 12 millones. En adultos es de 73% (se duplicó en 20 años), hoy son 50 millones, para un total de 62 millones con sobrepeso u obesidad.

Ante este panorama, es evidente y urgente, que los padres de familia (ambos), se encarguen del buen surtido de la despensa y de supervisar la preparación y proporción de los alimentos (comer es un hábito y se aprende en casa, los hijos aprenden con el ejemplo de sus padres) y que los adultos tomemos las riendas de nuestro destino, quizá aún estemos a tiempo porque se trata de una enfermedad curable.

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