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JUAN MANUEL GONZÁLEZ
lunes 21 de enero 2019, actualizada 4:31 am


Las reacciones que tenemos ante estímulos del exterior (ver una araña, o una rata, o ver un lindo bebé, o que te den la noticia de tu ascenso en el trabajo), o del interior de la propia persona (un pensamiento o recuerdo que te haga sufrir o sentirte feliz), son reacciones a nivel cerebral y dependen de circuitos que ponen en conexión la percepción y la emoción. Estas reacciones las genera el sistema límbico, y dentro de este sistema, la amígdala, es uno de los núcleos principales.

La amígdala es un elemento clave para la supervivencia, su función principal es integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes a éstas y provocan una respuesta fisiológica o la preparación de una respuesta conductual. Es el principal núcleo del control de las emociones. La amígdala, entre otras cosas, detecta el peligro en todo lo que percibimos. Cuando hace cientos de miles de años nuestros ancestros escuchaban el movimiento de la maleza, la amígdala advertía el peligro potencial y daba la alarma en forma de una emoción y los ancestros huían para protegerse.

La amígdala actúa como un detector de peligro y nos advierte anticipadamente para aumentar nuestra posibilidad de supervivencia. En cuanto a la supervivencia, no hay mucho problema si la amígdala se equivoca y nos envía una señal de alarma falsa. Lo que si fuese un verdadero problema es que no funcionara y no enviara la advertencia. Si nuestros ancestros prehistóricos se echaban corriendo por error, era mejor que si no recibían la señal y terminaban de cena del depredador.

Debido a que nuestro cerebro no ignora los riesgos potenciales y nos advierte, la amígdala ha evolucionado y actualmente tiene una tendencia mayor para prevenir de los posibles riesgos. Lo anterior se refleja en las noticias de las que nos enteramos a diario; hay una razón deliberada de por qué la mayor parte de las noticias que leemos o vemos en la televisión, son negativas: gracias a la fuerte respuesta de la amígdala las noticias pueden captar significativamente más nuestra atención.

Debido a ese constante bombardeo de malas noticias que registra la amígdala, mucha gente es sometida a una lluvia constante de información negativa. Sus cerebros son entrenados gradualmente para recibir malas noticias y lo que es peor: empiezan a ignorar las noticias positivas. Las personas aprenden de esta forma a ser pesimistas y de esta manera, cada vez son más infelices.

Las personas negativas, muchas veces de forma inadvertida por ellas mismas, contaminan de sus emociones a quienes están a su alrededor. Es muy común ver personas que constantemente se quejan de los políticos, se quejan de que nada funciona y que todo estámal. Las emociones negativas son emocionalmente más contagiosas que las positivas, se transmiten de persona a persona muy fácilmente. Como las malas noticias se esparcen entre más y más gente, a final de cuentas, dan vuelta y vuelven a su origen, resultando ello en una cadena de retroalimentación de emociones negativas aún más fuertes.

Parece ser que la visión personal de algunos individuos es quejarse todo el tiempo. Se hacen maestros en negatividad hasta casi el punto de perfección porque, probablemente, se sienten a gusto quejándose. Pero por el solo hecho de quejarse, las cosas no cambiarán por ello y generalmente, esto hace que la situación empeore.

Las emociones negativas son tan infecciosas que muchas personas se ahogan en un mar de preocupaciones y empiezan a creer que todo esta mal. El pesimismo colectivo las hace vulnerables a deprimirse, víctimas de la "impotencia aprendida"la cual es a menudo la causa de la depresión.

¿Cómo podemos evitar que nos afecten las emociones negativas? ¿Cómo evitar ser contaminados con la impotencia aprendida? ¿Cómo podemos aprovechar las ventajas del mundo de hoy? ¿Qué etapas podemos seguir, no solo para empezar a ser felices, sino para permanecer así? Debemos estar conscientes de la estimulación negativa y la estimulación positiva y enfocarnos en esta última.

jmgzzc@gmail.com

www.degerencia.com/jmgc

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