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Siglo Nuevo

Efecto Pigmalión

Expectativas que vinculan al éxito

Abraham Esparza Velasco
domingo 06 de enero 2019, actualizada 10:50 am

Un fenómeno de la psiciología afirma que las perspectivas depositadas en una persona respecto a una o varias tareas dadas, afectan notablemente su desempeño e incluso hacen posible que consiga metas más altas de las esperadas.

Uno de los fenómenos de la psicología que ha causado gran impacto en el ámbito de la educación, es el Efecto Pigmalión, el cual reafirma la importancia de algo que ya se sospechaba: las perspectivas depositadas en una persona respecto a una o varias tareas dadas, afectan notablemente su desempeño e incluso hacen posible que consiga metas más altas de las esperadas.

El nombre que recibe este fenómeno se remonta al mito griego de Pigmalión, un artista que al enamorarse de su propia creación, Galatea, la más lograda escultura que había realizado, ésta se transforma en una mujer de carne y hueso, simbolizando la perseverancia y esfuerzo que desembocan en un resultado deseado. El mito nos muestra además un elemento central: las expectativas materializadas.

Lo anterior se toma como una analogía de lo esperado por padres y profesores de un niño(a), pues si realmente se cree en las capacidades del menor, el éxito puede cobrar vida.

Si bien el surgimiento del término tiene su lugar en la ficción, también se entrelaza con el Teorema de Thomas: “si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. La idea general se refiere a un contexto centrado más en la conducta de las masas, que en la individual. Un ejemplo concreto es la transmisión de radio en la que se relató una adaptación de la novela La Guerra de los Mundos escrita por Herbert George Wells, en 1938. La consecuencia fue el pánico real de una audiencia que confiaba fehacientemente en este medio de comunicación, a pesar de haberse hecho la aclaración de ser un programa dramatizado.

/media/top5/Pigmalion01.jpg , de Jean-Léon Gérôme. Foto: Metropolitan Museum of Art

El sociólogo estadounidense Robert K. Merton utiliza el teorema antes mencionado para definir a finales de los años cuarenta lo que llamó “profecía autocumplida”, señalando que esta es, al principio, “una definición falsa de una situación, la cual despierta un nuevo comportamiento, que hace que dicha falsa concepción se vuelva verdadera”.

Así pues, el Efecto Pigmalión es la “falsa” creencia arraigada de que alguien no únicamente puede ser, sino que ya es sobresaliente, y por lo tanto necesita todos los estímulos que se le puedan proporcionar para que sus capacidades destaquen.

BONDADES EN LA EDUCACIÓN

En un experimento al que se hace no poca referencia en la psicología educativa y la pedagogía, conocido como “Pigmalión en la escuela”, se demostró este fenómeno. Fue llevado a cabo en Estados Unidos en los años sesenta y publicado en 1968. Leonore Jacobson, directora del instituto del mismo nombre, se interesó por la forma en que el psicólogo de la Universidad de Harvard, Robert Rosenthal, teorizaba ya el efecto y su impacto, así que decidió unir esfuerzos con él. Para esto requirieron la participación de cerca de 300 alumnos en pruebas de inteligencia, las cuales arrojaron resultados donde no se encontró que alguien fuera especialmente sobresaliente. Se tomó una muestra de sujetos al azar y les entregaron resultados falsos a sus profesores, en los que se informaba que los examinados poseían una inteligencia superior.

Lo que Rosenthal y Jacobson hicieron después de hacer llegar esta información, fue observar el comportamiento de profesores e infantes durante todo el curso, y aplicaron al final la misma prueba de inteligencia a los mismos alumnos. Quienes habían tenido reportes falsos, obtuvieron resultados superiores en la reevaluación.

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Brindar atención a los alumnos con dificultades los motivará en su aprendizaje. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Las expectativas depositadas en ellos tomaron un papel decisivo en su desempeño e hicieron que existiera un trato diferente por parte de sus profesores. Inconscientemente, los docentes mostraron una actitud más motivadora. Incluso mantenían un contacto visual más prolongado con los “sobresalientes”; esta mayor atención provocó que los alumnos tuvieran más confianza en sí mismos.

El estudio se efectuó con la intención de provocar un efecto Pigmalión de tipo positivo, en el que estos incentivos pudieran encausar un mejor aprovechamiento y desencadenaran, como producto final, un aumento en la autoestima de los menores.

EFECTO CONTRARIO

También existen creencias falsas que logran un resultado opuesto: el efecto Golem. En él, las expectativas negativas llevan a una disminución de la seguridad del sujeto en sí mismo, y por lo tanto puede sumirse en una desmotivación que le obstaculizará la persecución de metas más altas.

En el aula, un trato discriminado de los alumnos y una focalización de los esfuerzos docentes hacia quienes tal vez emplearán más provechosamente los conocimientos expuestos, actúan localizando creencias tanto positivas como negativas en los niños. Si bien esto no determinará toda la vida académica, podrá frenar el proceso de aprendizaje. En lo concerniente a la familia, este trato diferenciado se da en hermanos, por lo que es importante estar consciente de las habilidades de cada hijo y mostrar aprecio por las actividades que tanto uno como otro realizan mejor.

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El trato preferencial a un hijo puede disminuir la autoestima de los demás. Foto: Derstandard

Cabe señalar que el Efecto Pigmalión no puede darse forzando las expectativas, al no ser realista con respecto a los resultados que podría obtener un alumno. Si realmente se sabe que su desempeño puede ser mayor, bastará con motivarlo de manera natural y no centrarse en los errores sino en las oportunidades de mejorar, lo cual hará que los “bloqueos mentales” se den en menor medida, o que se pueda salir de ellos más fácilmente para continuar aprendiendo.

Lo que se ha referido aquí no es una fórmula mediante la cual nuestras expectativas se volverán automáticamente realidades. Tendríamos que entender que cada persona tiene aptitudes diferentes que se irán notando a lo largo de los años. Habría que evaluar qué hace feliz al niño y qué actividades desarrolla mejor, así como reconocer las metas pequeñas que se logran a lo largo de un aprendizaje.

El Efecto Pigmalión funciona, y aunque tal vez no sea de la manera sencilla que imaginamos, todo se reduce a mejorar nuestra empatía, pensar en cómo nos hubiera gustado ser apoyados y qué podríamos mejorar en caso de tener los estímulos necesarios.

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