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Siglo Nuevo

Encuadres de la realidad

Narrativa visual en el World Press Photo

SAÚL RODRÍGUEZ
miércoles 02 de enero 2019, actualizada 7:38 am

“Las imágenes son porciones de la realidad que pueden ser vistas por el ojo imaginativo de cualquiera, de acuerdo a la situación con la que vive”, sentenció alguna vez el poeta británico William Blake. El escritor español José Jiménez va más atrás y aborda el concepto griego de la mímesis; la “tekné” o habilidad de valorizar la representación sensible de las formas.

Inmortalizar la realidad en imágenes ha sido una continua manía en la historia del ser humano. Desde las pinturas rupestres se percibe la inquietud por plasmar un entorno. Por ejemplo, la cueva de Lascaux, en Francia, contiene escenarios de una realidad extinta, vista desde la perspectiva de un autor anónimo que congeló en el tiempo su visión del mundo.

Los siglos arrojaron sus años y la necesidad de narrar con imágenes encontró nuevos caminos. La pintura y el grabado fueron algunos de ellos. Cientos de artistas clásicos, medievales y renacentistas le han permitido al mundo contemporáneo tener una idea del pasado gracias a sus creaciones. Sin embargo, estos medios tienen una fuerte carga de subjetividad al ser en mayoría obras de arte y por tanto, una dosis considerable de interpretación del autor respecto a su hábitat está presente.

Por ello, fue la aparición de la fotografía a finales del siglo XIX la que realmente provocó una revolución en la percepción del ser humano. Antes de ella se carecía de un soporte que abarcara la realidad de una manera más fiel.

Joseph Nicéphore Niepce (inventó junto con Daguerre el primer el proceso fotográfico exitoso que se conoce) la consideró como la continuación natural de la litografía.

Pronto, la relevancia de la fotografía como espejo de la realidad alcanzó otras latitudes. Los fotógrafos se dieron cuenta que a través de ella era posible narrar un hecho, un suceso o una historia sin necesidad de escribir palabra alguna.

La imagen fotográfica encapsulaba un discurso que, al ser liberado por el espectador, invitaba a la retórica. Seguía siendo una representación del objeto, pero en un elemento análogo sumamente creíble. Esta virtud fue vislumbrada por los periódicos.

Aunque es cierto que Mathew B. Brady hizo algunos daguerrotipos durante la Guerra Civil de Estados Unidos, los indicios del fotoperiodismo remontan a 1880. El 4 de marzo el New York Daily Graphic publicó una fotografía de Stephen H. Morgan en su página 38, bajo el título A scene in Shanty Town. La imagen retrató la situación de una asentamiento irregular neoyorquino.

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Primera fotografía en un periódico, publicada en el Daily Graphic de Nueva York en1880. Foto: Stephen Henry Horgan

A partir de aquel momento otros diarios internacionales se sumaron a ilustrar con fotografías sus reportajes. Algunos de ellos fueron el Daily Mail y el Daily Mirror de Inglaterra y el Daily News de Nueva York.

El hito del fotoperiodismo consistió en que ofrecía a las masas cambiar su visión. Las personas comunes, que hasta aquel momento sólo eran capaces de percibir los sucesos ocurrentes en su entorno inmediato, ahora se abrían al mundo para descubrir lo que acontecía, al mero estilo de La Ventana Indiscreta del director de cine Alfred Hitchcock.

La imagen en los diarios pasó de ser un elemento secundario, de aquel que funge como respaldo al texto, a ser la principal fuente de información. El oficio logró tal reconocimiento que en 1904 se fundó la Illustrated Journals Photographic Supply Company, primera agencia de fotoperiodismo.

Roland Barthes, en su ensayo El Mensaje Fotográfico, indica que la fotografía periodística es un mensaje en el que la fuente emisora y el canal de transmisión están constituidos por el diario que la publica, y el medio receptor constituye al público que lee el periódico. Esta convergencia hace circular la información y la nutre de poder y significado.

Barthes explica que el flujo depende de que la estructura fotográfica no sea aislada y que se comunique con otras estructuras de la publicación como el texto mismo (ya sea título, leyenda o artículo) que la acompañen. La fotografía ostenta una acción que no puede diseccionarse de sus circunstancias. Un movimiento que debe ser tomado en vivo y expuesto al lector del diario.

El sofista griego Protágoras afirmaba que alcanzar la verdad absoluta es improbable y que cada ser humano puede hallar su verdad, pero que ésta no resulta válida para los demás. La sentencia protagórica es el rival con el que lidian los fotoperiodistas durante su ejercicio en campo, que se vincula con lograr que la realidad percibida llegue a modo informativo hasta el imaginario social del espectador para ser adoptada y entendida. Es el diálogo con un mutismo parlante, pues la fotografía habla sin hablar, igual que un libro.

Pero ¿qué función tiene revelar verdades de otras latitudes? Una de las razones se presenta a continuación. Es conocido el mito de la caverna platónica: hombres encadenados desde su infancia que sólo aspiran a conocer las sombras proyectadas en la pared que tienen enfrente, mismas que son manipuladas por otros sujetos que controlan el fuego a sus espaldas. En ocasiones la realidad se construye a partir de bloques ideológicos provenientes de los medios de comunicación y del discurso sociopolítico y económico.

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Primera fotografía en un periódico, publicada en el Daily Graphic de Nueva York en1880. Foto: Stephen Henry Horgan.

El fotoperiodismo también posee la capacidad de romper con este esquema, de extraer al espectador de la caverna y ofrecerle distintas visiones del mundo. Es la fotografía como relación social. El fotógrafo dispara desde distintos puntos de vista y capta la movilidad de la realidad en un mundo inquieto.

El aprecio por el fotoperiodismo dio lugar a concursos y certámenes. En 1942 se entregó la primera condecoración a mejor fotografía de prensa del Premio Pulitzer. Y en 1946, Países Bajos, nación pionera en apreciar el trabajo de los fotoperiodistas, creó el concurso nacional Cámara de Plata.

HISTORIA DE UN CERTAMEN

Era 1955, los fotógrafos neerlandeses Ben van Meerendonk, Bram Wisman y Sem Presser tomaron la decisión de internacionalizar el Cámara de Plata. La iniciativa ocurrió gracias a la Asociación de Fotoperiodismo de los Países Bajos y al apoyo de la Associated Press neerlandesa. Meerendonk y compañía contactaron a las más importantes agencias internacionales de prensa para que motivaran a sus fotógrafos a participar.

El primer World Press Photo (WPP) de la historia recibió 310 trabajos de 42 fotógrafos provenientes de distintos rincones del mundo. La ceremonia de premiación se llevó a cabo el 3 de diciembre en la ciudad de Ámsterdam, resultando ganadores el danés Mogens von Haven, el neerlandés Simon Smit y el británico Derek Berwin.

La fotografía a blanco y negro de von Haven inmortaliza la caída de un motociclista durante una carrera en el Campeonato Mundial de Motocross. El certamen tuvo éxito inmediato, en los medios se empezó a debatir sobre la naturaleza de la fotografía de prensa, la carga política también entró en la escena. La capacidad narrativa de la imagen periodística abrió puertas a la varolización de esta nueva forma de informar.

El escritor francés Pascal Quignard menciona que para conocer un fresco antiguo hay que conocer su lengua. Para los fotógrafos de mediados del siglo XX no había mejor forma de dar a conocer al fotoperiodismo al público, que orillándolo a una interacción mutua, donde se le presentase su idioma visual y así factibilizar un diálogo con su narrativa.

A partir de 1960 el rizoma del World Press Photo enraizó en la tierra del periodismo. Pero fue en la década de los ochenta que el certamen se profesionalizó. El número de participantes se había disparado como una ráfaga de instantáneas y se alcanzaron nuevos bríos. Se contrató personal y se estableció una oficina en la capital holandesa. La estructura financiera se solidificó en 1987, cuando se anexaron los primeros patrocinadores.

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La primera Fotografía del Año seleccionada por WPP. Foto: Mogens von Havens.

Actualmente, entre sus condecoraciones destacan las categorías: World Press Photo of the Year, Asuntos Contemporáneos, Medio Ambiente, Noticias Generales, Proyectos a largo plazo, Naturaleza, Deportes, Personas y Noticias Puntuales.

El certamen otorga el premio a la mejor fotografía (World Press Photo of the Year) y tres premios en cada categoría subyacente. La ceremonia de premiación tiene lugar cada año en Amsterdam.

Después, el conjunto de trabajos fotográficos es empacado y llevado a una exposición itinerante que recorre más de 40 países durante el año, llegando a un aproximado de un millón de espectadores en más de seis idiomas distintos. En México, la sede de la exposición es el Museo Franz Mayer.

En el certamen no aparecen fotografías de nota roja banalmente tomadas, sino que se buscan aquellas que ofrecen una mirada distinta a la que el ojo humano no accede comúnmente.

Pero las exhibiciones no son el único medio que ha encontrado el World Press Photo para llevar el fotoperiodismo internacional al público. La asociación edita cada año un libro con la colección de fotografías, mismo que se puede adquirir en librerías o a través de su tienda en línea.

En ediciones recientes se ha dispuesto una aplicación para smartphones y tabletas, donde el usuario puede adentrarse en una visita virtual de la exposición. Su página web ofrece estas mismas opciones con una descripción detallada de la fotografía en la que se plantea su contexto y sus características técnicas, tales como la cámara con la que fue tomada.

World Press Photo también funge como un espacio abierto al intercambio de información, porque ofrece seminarios y talleres. Destaca la Joop Swart Masterclass, curso exclusivo para 12 fotógrafos seleccionados donde se les invita a realizar un ensayo fotográfico sobre un determinado tema.

Asimismo, la fundación apuesta por una participación y fortalecimiento de la consciencia social, al tiempo en que se consolida como un escaparate por el cual mirar la tradición visual de fotógrafos provenientes de diversas culturas.

En 2018, World Press Photo tuvo una participación de 73 mil 44 fotografías realizadas por cuatro mil 548 fotógrafos de 125 nacionalidades distintas.

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Reencuentro tras la guerra, ganadora del WPP en 1956. Foto: Helmut Piraths.

IMÁGENES DESTACADAS

El número de fotografías que han desfilado en la historia de World Press Photo es amplio. Pero, aunque los temas que abordan sus discursos también son diversos, las fotografías relacionadas con temas bélicos, muerte, migraciones, violencia y demás crisis sociales, son las que suelen tener mayor impacto.

Siguiendo la cátedra junguiana, ante una imagen fotográfica el espectador confía sus ideas personales de las que es consciente y aboga a sus referencias. Pero estas imágenes también activan experiencias en el inconsciente personal y colectivo, para después dar una lectura psicológica de la fotografía.

Los miedos, la exposición a la muerte, las imágenes de guerra provenientes de otros medios como la televisión, el imaginario creado por artes como el cine, los prejuicios sociales, las tradiciones culturales, los complejos religiosos, entre otros, emergen ante el estímulo provocado por la fuerza emotiva de la fotografía, sin que la persona pueda controlarlo.

Pero el transitar de una imagen va más allá de una mera reproducción histórica. Su efecto no se mide en las emociones que produce en el público, sino en cómo lo induce a actuar. El debate ético siempre ha caído en que si el fotoperiodismo realmente aboga por una práctica informativa o en ocasiones hace apología de la desgracia ajena.

Ejemplo de lo anterior es la fotografía del alemán Helmuth Pirath, ganadora en 1956, en la que congeló el momento en que un compatriota se reunía con su hija tras haber sido prisionero de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. El protagonista no veía a su descendiente desde que ésta tenía tan sólo un año de edad.

La obra de Pirath muestra la angustia en un llanto liberado después del hostigamiento bélico. Pero también expresa emotividad, porque ofreció una sensación esperanzadora en la época y en el lugar donde fue tomada. A la vez, incita a recordar las consecuencias de una guerra inadmisible e irracional.

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Monje budista inmolado a modo de protesta. Foto: Malcolm W. Browne/AP.

Años más tarde, en 1963, el neoyorquino Malcolm W. Browne fue galardonado por la fotografía de un monje budista, que ante la persecución del que era víctima por parte del gobierno vietnamita, decidió inmolarse al prenderse fuego y posteriormente entregarse a la meditación. La imagen es impactante y fue la raíz de una cuestión culposa que iría tomando fuerza con los años.

En 1968, Eddie Adams tenía tres años cubriendo la guerra de Vietnam para la agencia Associated Press. La VietCong, la guerrilla comunista enemiga de Vietnam del Sur y de Estados Unidos había lanzado una ofensiva en Saigón.En esa ciudad, Adams siguió a Nguyen Ngoc, jefe de la policía vietnamita y se percató de que sus custodios tenían prisionero a un integrante de Viet Cong. Observó cómo el funcionario sacó un revolver y apuntó a la cabeza del comunista. Adams disparó su cámara y el gendarme su arma.

Al día siguiente el trabajo de Adams dio la vuelta al mundo y una serie de preguntas tomaron lugar en los medios de comunicación. ¿El fotoperiodista debe reservarse a su trabajo y fungir como un observador que congela momentos o debe ayudar a los protagonistas? ¿Qué hubiese sucedido si en lugar de fotografíar el momento Adams hubiese intervenido para evitar el disparo del policía?

La fotografía extrajo un lapso temporal de lo que estaba aconteciendo en Vietnam e influyó para que la población estadounidense reconsiderara el papel de su ejército en esa guerra. Se enjuició socialmente al policía vietnamita (a quien el hecho lo persiguió toda la vida) y se victimizó al comunista. Pero esto nunca fue la intención de Adams.

En 2001, Adams escribió en la revista Time que pese a haber recibido premios por la fotografía (incluido el World Press Photo of the Year de 1968), siempre pensó que esta fue sacada de contexto y le incomodaba recibir halagos por una imagen donde se mataba a un protagonista y se destruía la carrera de otro. En la declaración, el estadounidense expresó que las fotografías son las armas más poderosas que existen porque la gente les cree, pero estas también pueden mentir, incluso cuando no se encuentren manipuladas.

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Jefe policíaco de Vietnam asesina a miembro del Viet Cong. Foto: Eddie Adams.

Lo que Adams lamentaba era que el espectador nunca encontró la siguiente cuestión: “¿Qué harías si fueras el general en ese momento, en ese día caluroso, y atrapaste al supuesto ‘hombre malo’ después de que asesinó a uno, dos o tres estadounidenses?”. Adams no consideraba que la acción del general fuese la correcta, pero estaba convencido que la reflexión de la fotografía debía poner al espectador en la posición de Nguyen Ngoc. La interpretación de una imagen puede ser altamente subjetiva y depender de las guarniciones culturales y psicológicas del público.

Otra fuerte fotografía que pasó por el concurso neerlandés también fue tomada en Vietnam. El 8 de junio 1972, Nick Ut salió al campo de Trang Bang para capturar el bombardeo estadounidense sobre supuestos escondites de la Viet Cong. En su trayecto observó el descenso de las bombas, su explosión en el suelo y la elevación de una nube negra de napalm.

Un grupo de niños corrieron aterrorizados bajo la sombra del humo, entre ellos Phan Thi Kim Phúc, una niña de nueve años que estaba desnuda y presentaba quemaduras. Los infantes salieron de un templo de Cao Dai cercano, momentos después de la explosión. Nick Ut capturó el instante, luego dejó su cámara a un lado y se llevó a la pequeña en su camioneta para que fuese atendida en un hospital cercano. Nick Nut llegó a declarar después que de haber muerto la niña él probablemente se habría suicidado.

Al contrario de Adams, Nick Ut intervino en el entorno. En lugar de seguir fotografiando el sufrimiento de la niña, decidió rescatarla del lugar. No obstante, no se necesitó más que aquel instante para transmitir al mundo el horror que se vivía en el sureste asiático. La fotografía, conocida como La niña de napalm, fue elegida como la mejor del World Press Photo de aquel año.

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La niña del napalm. Foto: Nick Ut.

Su publicación no sólo enmarcó el sufrimiento de la pequeña Phan Thi Kim Phúc, también mostró una serie de factores que desembocaron en lo político. La imagen intentó ser censurada por exhibir errores de las tropas de Vietnam del Sur, pues lanzaron las bombas en un lugar que se encontraba poblado.

Caso similar es el de Mike Wells, que en 1980 fotografió las manos de un misionero y de un niño en la región de Karamoja, Uganda. La imagen guarda un silencio delator, fue tomada durante una hambruna. La extremidad del niño de piel oscura aparece sumamente débil y pequeña sobre otra fuerte y firme de piel blanca. Es un contraste devastador. ¿Cuál fue el trasfondo de la captura?, ¿qué ha pasado con el niño?, ¿murió por desnutrición? Son las preguntas que emergen de aquella postal.

En la galería histórica del World Press Photo también convergen las temáticas de género. En 2010, la fotógrafa Jodi Bieber retrató en Afganistán a Bibi Aisha, una joven de 18 años a quien la justicia talibán le mutiló la nariz y orejas por haber huido del maltrato de su esposo.

La fotografía apareció en la portada de Time bajo el encabezado “¿Qué pasa si nos vamos de Afganistán?”. Jodi Bieber expuso al mundo las radicales costumbres machistas de la tribu de Pashtún: la mujer que “avergüenza” a su marido es merecedora de un castigo severo.

No se garantiza que fotografías como las de Bieber lleguen a modificar la cosmovisión de los grupos talibanes en Medio Oriente, incluso se han suscitado casos recientes como el de la afgana Zarina en 2017, a quien su marido también le cercenó las orejas. No obstante, Bieber edificó un precedente sobre lo que experimentan las mujeres en este tipo de culturas.

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Otra temática ha sido la migración en Europa, especialmente la causada por la Guerra de Siria. Datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidad para los Refugiados (ACNUR) revelan que 6.3 millones de personas se han desplazado de Siria debido al conflicto bélico.

En septiembre de 2016, la fotógrafa turca Nilüfer Demir extrajo una biopsia de la realidad migratoria. Demir fotografío el cadáver de Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años acaecido en la playa de Bodrum, Turquía, durante la crisis de refugiados.

El cuerpo del infante fue publicado en los medios internacionales gracias a la AFP. La indignación en redes sociales apareció. El caso de Aylan Kurdi es sólo un extracto del horror que escupe la guerra, la cual obliga a millones de sirios a cruzar el mar Egeo para alcanzar el Viejo Continente y encontrar un mejor futuro para sus familias. Pese a su viralización, Demir decidió no registrar la fotografía para el Wolrd Press Photo.

En su lugar, el fotógrafo australiano Warren Richardson ganó el World Press Photo of the Year de 2016 por A Hope for a New Life, una fotografía tomada un año atrás en la frontera de Serbia y Hungría. En ella se observa a un hombre intentando cruzar a su hijo por debajo de los alambres de púas que marcan la línea divisoria de la dos naciones. La imagen no fue publicada previo al concurso, pero enmarcó el drama de la crisis migratoria.

La última edición otorgó el premio de mejor fotografía al venezolano Ronaldo Schemidt, quien capturó el incendio de un manifestante en Caracas durante una protesta contra Nicolás Maduro. Al hombre le explotó el tanque de gasolina de una motocicleta antes de pasar por el lente del fotógrafo.

En entrevista para Forbes México, Schemidt declaró que el fotoperiodismo es una profesión mal vista por algunos gobiernos de Latinoamérica. El reto, sentenció, consiste en que el fotógrafo debe cuidarse a sí mismo ya que nada garantiza la seguridad del periodista en el nuevo mundo.

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Manifestante incendiándose en Caracas, fotografía ganadora del World Press Photo 2018. Foto: Ronaldo Schemidts.

MEXICANOS GALARDONADOS

La fotografía mexicana ha sido una invitada constante en Ámsterdam. De manera irónica, el fotoperiodismo es una práctica perseguida en nuestro país. Cabe recordar el asesinato del fotógrafo veracruzano Rubén Espinosa, ultimado en 2015 dentro de un departamento de la colonia Narvarte, en Ciudad de México.

Desafortunadamente la muerte no ha dejado de acosar al periodismo nacional. Tan sólo en 2017, 24 periodistas fueron asesinados en suelo azteca. Impedir el retrato de las formas de la violencia que azota a México parece ser tarea de los verdugos de miradas. No obstante, esta realidad agresiva ha llegado al World Press Photo.

En 2011, Pedro Pardo registró con su cámara una serie de escenas de la furia del narcotráfico en el puerto de Acapulco. Durante la última década la ciudad costera ha pasado de ser un paraíso turístico a un foco estratégico del crimen organizado. Ese año, Pardo obtuvo el tercer lugar en la categoría de Asuntos Contemporáneos, pero no sería el único mexicano premiado por retratar la crisis de seguridad nacional.

En la madrugada del 8 de marzo de 2013, el código rojo se activó en la ciudad de Saltillo. Christopher Vanegas, un fotoperiodista local del periódico Vanguardia, acudió al llamado de su ejercicio informativo. El reporte de la autoridad indicaba el hallazgo de cinco personas ejecutadas en el Puente de Valle Dorado.

Cuando Vanegas llegó al lugar se encontró con una marco macabro: dos de los cadáveres yacían colgados del puente vehicular, los otros tres se encontraban en el suelo, todos estaban envueltos en sábanas blancas, junto a ellos había un mensaje escrito cuyo contenido las autoridades no revelaron.

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Crimen en Saltillo, Coahuila. La imagen ganó el tercer lugar en la categoría de Asuntos Contemporáneos del WPP 2014. Foto: Cristopher Vanegas /EPs.

Vanegas lidió con el hermetismo del cerco judicial, se le impidió el acceso. No obstante, entre empujones e insultos de las autoridades, logró escabullirse, colocarse frente a la escena y disparar su cámara. La fotografía fue una de las tantas que inmortalizó una cruenta realidad mexicana respecto a la guerra de los cárteles del narcotráfico. El dolor social de una nación herida por la violencia en la apología de lo surrealista.

Ese 2014, el trabajo de Vanegas fue acreedor al tercer premio de la categoría Asuntos Contemporáneos del World Press Photo. Contribuyó como una ventana al mundo donde se podía apreciar la crisis de violencia en México. En una entrevista que le realizó la organización del concurso, el saltillense apeló a que el juego de luces en el lugar contribuyó a estructurar una narrativa de este hecho que, sin caer en lo grotesco, mantiene una sensibilidad y respeto por el acontecimiento.

Cabe señalar que la presencia de la imagen mexicana no parla únicamente de la violencia, también dedica retórica a la naturaleza.

En diciembre de 2015, un rayo emergente de una explosión del Volcán de Colima fue capturado por Sergio Tapiro, fotógrafo que desde 2002 se dedica a inmortalizar montañas de fuego.

Datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres arrojan que México cuenta con 48 volcanes activos, el coloso colimense es de los que presenta mayor actividad. En 2016, Tapiro fue acreedor al tercer premio del World Press Photo en la categoría de Naturaleza.

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Crimen en Saltillo, Coahuila. La imagen ganó el tercer lugar en la categoría de Asuntos Contemporáneos del WPP 2014. Foto: Cristopher Vanegas /EPs.

En esa misma edición y categoría, el mexiquense Anuar Patjane ganó el primer premio por fotografíar a una ballena jorobada junto a su cría recién nacida en las aguas del Pacífico mexicano, concretamente en Roca Partida, una inhóspita isla del archipiélago de Villagigedo. La imagen resultó un escaparate para mostrar la biodiversidad mexicana en la que, según información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad, México ocupa el cuarto puesto a nivel mundial.

RETOS

El fotoperiodismo representa actualmente un papel fundamental en los medios de comunicación, no sólo en el diario impreso. Pilar Irala Hortal, profesora de la Universidad San Jorge de España, menciona que la contemporaneidad aborda un nuevo tránsito de la imagen fotoperiodística en la que el triángulo informativo formado por el lenguaje fotográfico, el mensaje y el lector, adquiere una nueva conexión.

Este enlace sucede ahora en el campo virtual, donde las redes sociales se han vuelto claves para la difusión. Los retos del fotoperiodismo en la digitalización, apuntan a enfrentar las fake news, los montajes y la aparición de competencias como el citizen journalism, en el que cualquier ciudadano aspira a ser informante a través de su teléfono celular.

Aunado a esto, los ajustes en los presupuestos editoriales hacen cada vez más difícil la práctica profesional del oficio, entregando a periodistas que carecen de una capacitación visual la tarea de capturar la imagen del hecho.

Por ello, otra problemática es la gran cantidad de fotografías que proliferan en Internet sobre un acontecimiento. Hoy en día resulta difícil conseguir una imagen realmente icónica. Iniciativas como World Press Photo precisamente ayudan a dar a conocer el trabajo de aquellas miradas que abogan por el desarrollo de la narrativa visual, sin perder el retrato de las formas del mundo.

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